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Europa en las calles: el rearme militar choca con el malestar social


El descontento social vuelve a ganar las calles de las principales ciudades europeas. Francia enfrenta una nueva ola de movilizaciones que combina reclamos económicos, educativos y cuestionamientos políticos, mientras Alemania registra protestas juveniles contra el rearme y el regreso del servicio militar obligatorio. Detrás de las reivindicaciones sectoriales aparece un interrogante más profundo: ¿hasta dónde están dispuestas las sociedades europeas a asumir los costos de la nueva estrategia geopolítica del continente?


 

     Por Alfredo Atanasof (*)

 

Europa atraviesa un período de creciente tensión social y política. Las movilizaciones registradas en Francia y Alemania durante las últimas semanas reflejan un malestar que, aunque presenta características diferentes en cada país, encuentra un punto de convergencia en el cuestionamiento de las prioridades de los gobiernos y en la preocupación por el futuro económico y social del continente.

Las protestas sociales en Francia y Alemania exponen las contradicciones del nuevo escenario europeo

Las protestas francesas, que comenzaron con una importante participación estudiantil, fueron incorporando progresivamente a otros sectores sociales. Las dificultades del sistema educativo, el encarecimiento del costo de vida, los problemas de acceso a la vivienda y el rechazo a las políticas de ajuste presupuestario constituyen algunos de los principales ejes de las manifestaciones.

En Alemania, por su parte, las movilizaciones tienen un componente generacional particularmente significativo. Los jóvenes expresan su preocupación por el deterioro de las condiciones educativas y económicas, pero también por el rumbo de la política de defensa alemana y la posibilidad de recuperar mecanismos de servicio militar obligatorio.

Aunque no se trata de movimientos coordinados ni de una protesta europea unificada, ambos fenómenos permiten identificar una creciente distancia entre las prioridades de los gobiernos y las expectativas de importantes sectores de sus sociedades.

Francia: el regreso del conflicto social

Las movilizaciones francesas representan un nuevo capítulo de una conflictividad social que viene acompañando al gobierno de Emmanuel Macron desde hace varios años.

El país tiene una larga tradición de protestas y movilizaciones populares, pero el actual escenario presenta una combinación de factores que amplía el alcance de las reivindicaciones.

A las demandas estudiantiles por mejoras en la educación se suman los reclamos de trabajadores y sectores medios afectados por el incremento del costo de vida. La vivienda, el transporte y los servicios públicos aparecen también entre las preocupaciones centrales.

Fuerte rechazo a las medidas de austeridad y restricciones presupuestarias

El rechazo a las medidas de austeridad y a las restricciones presupuestarias introduce, además, una dimensión política. Para una parte de los manifestantes, el problema no se limita a la insuficiencia de recursos, sino que está relacionado con las decisiones sobre cómo distribuir los costos de la crisis económica.

La incorporación de sectores vinculados a la tradición de los chalecos amarillos resulta particularmente relevante. Aquel movimiento, que en 2018 puso en dificultades al gobierno francés, había expresado un profundo malestar por la presión fiscal, la pérdida de poder adquisitivo y las desigualdades territoriales.

La reaparición de algunas de esas reivindicaciones demuestra que las tensiones que originaron aquella protesta no han desaparecido completamente.

El desafío para el gobierno francés consiste en evitar que las demandas sectoriales terminen convergiendo en un cuestionamiento generalizado de su capacidad de conducción política.

Alemania: los jóvenes cuestionan el nuevo paradigma de defensa

En Alemania, las manifestaciones tienen un componente diferente, aunque igualmente significativo.

El movimiento juvenil Gen Z regelt expresa una generación que reclama mayores oportunidades educativas, mejores condiciones de vida y políticas públicas orientadas a resolver problemas cotidianos.

Sin embargo, uno de sus principales ejes de movilización es el rechazo al regreso del servicio militar obligatorio y a la creciente prioridad que adquiere el gasto en defensa.

Esta discusión tiene una dimensión geopolítica evidente.

La guerra de Ucrania, las tensiones con Rusia y las transformaciones de la relación transatlántica llevaron a Alemania a revisar profundamente su política de seguridad. Berlín considera necesario fortalecer sus capacidades militares y asumir un papel más importante en la defensa europea.

Pero esa transformación plantea interrogantes dentro de la sociedad alemana

Para una parte de los jóvenes, la perspectiva de tener que incorporarse al servicio militar representa una modificación sustancial de su relación con el Estado y con las responsabilidades de defensa nacional.

La discusión no implica necesariamente un rechazo generalizado a la necesidad de seguridad. Lo que aparece en las movilizaciones es el cuestionamiento sobre quién debe asumir los costos de esa nueva estrategia y cuáles serán sus consecuencias para las prioridades sociales.

En este sentido, Alemania enfrenta un debate que excede ampliamente la cuestión militar: cómo compatibilizar su transformación en una potencia europea con las expectativas de bienestar de su población.

El rearme europeo frente a las demandas sociales

Uno de los elementos que conecta las movilizaciones de ambos países es la discusión sobre el destino de los recursos públicos.

Europa ha iniciado un proceso de transformación de sus políticas de defensa. La percepción de una mayor amenaza rusa, la incertidumbre sobre el compromiso futuro de Estados Unidos con la seguridad europea y la necesidad de fortalecer las capacidades militares impulsaron un incremento de los presupuestos destinados a defensa.

Sin embargo, este proceso coincide con dificultades económicas, restricciones fiscales y demandas crecientes sobre los sistemas de protección social.

Entre el rearme y el Estado de bienestar: la encrucijada política de Europa

La contradicción es evidente: mientras los gobiernos consideran indispensable incrementar los recursos destinados a seguridad y defensa, importantes sectores de la sociedad reclaman respuestas a problemas relacionados con la educación, la vivienda, la salud y el empleo.

La cuestión central no es necesariamente la oposición entre defensa y bienestar social, sino la capacidad de los gobiernos para financiar ambas dimensiones sin profundizar las desigualdades ni deteriorar el consenso político.

La jornada internacional de protesta de trabajadores portuarios del 30 de octubre, desarrollada en 21 países y 113 puertos bajo la consigna «No trabajamos para la guerra», agregó otro elemento a esta discusión.

Las manifestaciones expresaron el rechazo de organizaciones sindicales a la utilización de infraestructuras comerciales para el transporte de armamento destinado a conflictos internacionales.

La participación de trabajadores portuarios en Francia y Alemania demuestra que las preocupaciones sobre la militarización también comienzan a encontrar espacios de articulación dentro del movimiento sindical.

Una crisis de representación que atraviesa a Europa

Más allá de las particularidades nacionales, las protestas reflejan una dificultad que afecta a buena parte de las democracias europeas: la creciente distancia entre las decisiones de los gobiernos y las expectativas de sectores importantes de la ciudadanía.

El problema adquiere especial relevancia en un contexto en el que Europa enfrenta simultáneamente desafíos económicos, demográficos, migratorios, tecnológicos y militares.

Los gobiernos deben responder a exigencias estratégicas que muchas veces requieren decisiones impopulares, mientras que sus sociedades reclaman soluciones inmediatas a problemas que afectan directamente su vida cotidiana.

Jóvenes, ajuste económico y rechazo a la militarización

Esta tensión puede convertirse en un factor de inestabilidad política, especialmente si los movimientos sociales logran articular sus reivindicaciones con fuerzas políticas que cuestionan las orientaciones económicas y estratégicas de los gobiernos tradicionales.

En Francia, la conflictividad social puede profundizar las dificultades de gobernabilidad. En Alemania, el debate sobre el servicio militar y el gasto en defensa puede convertirse en un tema central de discusión política y generacional.

En ambos casos, la capacidad de los gobiernos para establecer mecanismos de diálogo y construir consensos será determinante.

El desafío europeo: seguridad sin renunciar al contrato social

Las movilizaciones de Francia y Alemania plantean una pregunta que excede las fronteras de ambos países: ¿puede Europa fortalecer su autonomía estratégica y su capacidad militar sin poner en riesgo el modelo social que históricamente constituyó uno de los pilares de su identidad política?

El costo social del nuevo poder militar europeo

La respuesta no es sencilla. La transformación del escenario internacional obliga a los gobiernos europeos a revisar sus prioridades, pero también exige considerar que la seguridad de una sociedad no depende exclusivamente de sus capacidades militares.

La cohesión social, la calidad de la educación, las oportunidades de empleo, el acceso a la vivienda y la confianza en las instituciones constituyen componentes fundamentales de la estabilidad democrática.

El riesgo para Europa sería abordar sus desafíos geopolíticos exclusivamente desde una perspectiva militar, sin atender las consecuencias económicas y sociales de esa transformación.

Las nuevas generaciones parecen estar planteando precisamente ese interrogante. No necesariamente rechazan la necesidad de una Europa más fuerte en el escenario internacional, pero reclaman participar en la definición de sus prioridades y conocer cuáles serán los costos de ese proyecto.

La verdadera prueba para Europa no será solamente su capacidad de responder a las amenazas externas, sino también su posibilidad de preservar la cohesión interna. Porque una Europa militarmente más fuerte, pero socialmente más fragmentada, difícilmente podrá construir el consenso político necesario para sostener su protagonismo internacional.

 

(*) Ex jefe de Gabinete de Ministros de Argentina    🇦🇷 

 

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