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Agosto llegó «sin consenso político ni social» para el gobierno de Milei que impone un ajuste salvaje que solo cierra con represión


«Dos argentinas y un mismo suelo»

Sin sustento político ni paz social, el ajuste salvaje del gobierno de Milei se sostiene únicamente mediante la fuerza. Frente a la crueldad del mercado y el desmantelamiento del Estado, el peronismo emerge en Argentina como la verdadera herramienta federal de dignidad y esperanza popular. La Justicia Social como bandera y el Pueblo como protagonista. 


 

     Por Oscar Dufour | (*)

 

La advertencia sobre un ajuste de Javier Milei «sin consenso social ni político» proviene directamente de la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, quien días pasados manifestó en reuniones privadas en Buenos Aires su preocupación por la sustentabilidad de las reformas económicas del gobierno anarco-colonialista. A pesar de los elogios públicos previos, la titular del FMI señaló un escenario donde el drástico plan fiscal enfrentará resistencias insalvables para sostenerse en el largo plazo y reclamó «flexibilidad».

El Peronismo encabeza el rechazo absoluto del modelo de desregulación y shock, al que acusa de pulverizar la economía real mediante la destrucción del consumo, la producción industrial y el empleo nacional. El Justicialismo revela que el equilibrio fiscal no puede sostenerse a expensas de un «hambre planificado» que afecta principalmente a las provincias, a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) y a los sectores más vulnerables. Economistas advierten que la baja de la inflación y las cifras oficiales de superávit son «artificiales e insustentables», construidas sobre el pisado de jubilaciones, deudas congeladas y una recesión inducida.

 

El espejo de los años ’90 

El programa de desregulaciones, privatizaciones y apertura indiscriminada de Milei no es una novedad, sino una reedición radicalizada de las reformas de Carlos Menem (1989-1999) y del posterior colapso del año 2001. Paradójicamente, mientras Milei reivindica la gestión de Menem como la más exitosa de la historia moderna, la mayor parte del peronismo actual, con mucho acierto, la interpreta como el germen de la destrucción del aparato productivo nacional.

 

Un ajuste sin sustento político ni social

El programa económico del gobierno de Milei carece de bases sólidas para sostenerse en el tiempo. Las advertencias de organismos internacionales y el termómetro de las calles, coinciden en que no hay viabilidad posible para un esquema que destruye las variables macroeconómicas a costa del hambre del pueblo. 

 

Rechazo generalizado: El derrumbe del consumo, la pérdida masiva de empleos y el cierre de PyMEs aislaron políticamente al oficialismo, incapaz de tejer acuerdos genuinos en el Congreso.

Salarios de miseria: Más de la mitad de la clase media y la casi totalidad de los sectores populares declaran formalmente que sus ingresos no llegan a cubrir la canasta básica.

Ficciones macroeconómicas: El promocionado superávit fiscal se revela como una puesta en escena financiera que ignora la parálisis total de la economía real y la producción nacional.

 

La violencia del Estado contra los vulnerables

Ante la falta de argumentos económicos y legitimidad social, la respuesta del gobierno de Milei comenzando agosto de 2026 se ha reducido a la criminalización de la protesta y la persecución de quienes menos tienen. Utiliza la represión como política, articula un abandono planificado y ataca de cualquier manera a los disidentes.

 

Las fuerzas de seguridad se utilizan sistemáticamente para acallar los legítimos reclamos de jubilados, trabajadores y movimientos sociales. Se cortó la asistencia alimentaria a comedores populares y se desfinanciaron los programas de salud, golpeando de lleno a las infancias y a los adultos mayores. Sin argumentos, el protocolo oficial busca clausurar el debate democrático en el espacio público, transformando el legítimo descontento en un asunto de las fuerzas de seguridad.

 

El peronismo y la justicia social: el único camino

En este escenario de devastación material y moral, la vigencia del peronismo se consolida como la herramienta de resistencia y organización popular para devolverle la dignidad a la Argentina. No existe salida individual a una crisis colectiva.

 

La justicia social como derecho, donde la redistribución de la riqueza y el acceso a la educación, la salud y el trabajo digno constituyen la base de una sociedad justa. La historia argentina demuestra que el crecimiento soberano sólo es posible con un Estado presente que regule el mercado, proteja la industria local y defienda el interés nacional. El pueblo argentino con movilización y esperanza sostiene su memoria histórica y su capacidad de organización para poner freno al desguace de sus conquistas y edificar, desde la solidaridad y la justicia social, un futuro de verdadera dignidad.

 

Este único camino es la premisa central del Movimiento Nacional Justicialista, concebida no como una simple consigna electoral, sino como una doctrina integral de organización política, económica y social. Frente al modelo del gobierno de Milei que prioriza el individualismo y el libre mercado absoluto, el peronismo postula que la verdadera libertad de un pueblo solo se alcanza mediante la solidaridad colectiva y la equidad estructural garantizada por el Estado.

 

Conclusión

La historia argentina demuestra de manera irrefutable que ningún proyecto económico que atente contra el bienestar del pueblo puede sostenerse en el tiempo basándose únicamente en la fuerza y la deshumanización. El experimento neoliberal de Javier Milei, condicionado por un drástico plan fiscal «sin consenso social ni político», prescinde deliberadamente de las instituciones democráticas y del diálogo con los sectores productivos, ignorando que la gobernabilidad real no se construye en los mercados financieros, sino en un verdadero debate federal con las provincias y en la dignidad de los hogares argentinos.

 

«La Justicia Social como bandera y el Pueblo como protagonista».

 

En síntesis, el peronismo y la justicia social no representan un recuerdo nostálgico, sino la única alternativa política madura y la verdadera esperanza para reconstruir el entramado productivo y soberano del país. Cuando el dolor social se vuelva intolerable y la ilusión financiera del modelo oficial agote su relato, será el mandato histórico de Perón y Evita, con el Estado como escudo de los vulnerables y motor del desarrollo nacional, el camino inevitable para devolverle la dignidad, la paz y la justicia social a nuestra Patria.

 

Los que quieran oír… que oigan

(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires.

 

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